17.8.11

La tendenciosa realización de un partido de fútbol: cómo hacerlo

Cuando un espectador contempla ante el televisor la retransmisión de un partido de fútbol debería saber que una realización nunca es objetiva por muchas que sean las cámaras que recojan la acción en directo. El grado de empatía o fanatismo que tenga el espectador por uno de los contendientes puede llegar a dejar anulada su capacidad analítica frente al medio dando por hecho que lo tenga, que es mucho suponer ante la clara falta de alfabetización de la mayoría del público televisivo. Si uno es capaz de observar ciertas pautas en una realización futbolística podrá fácilmente indicar si dicha dirección televisiva ha favorecido los intereses de su público fiel o hacia unos determinados colores. Habitualmente cuando el forofo se indigna por una realización que ha favorecido al equipo contrario, es porque considera que algo ha pasado para no sentirse satisfecho del tratamiento, con lo que en cierta manera el espectador es más analítico cuando la corriente le va a la contra, está más alerta, que cuando rema a favor.
Hay muchas formas de tratar la información y hay muchos factores que complican una producción en directo, pero cuando se suman en una determinada dirección, no hay lugar a dudas que la realización ha sido manipulada.
1.- La emisora de producción
Las cadenas responsables de la señal televisiva y de la producción tienen sus antecedentes, ya sean políticos, comerciales o de influencia geográfica y ya se da por hecho en la mayoría de ocasiones que parten con un subyacente favoritismo hacia el equipo local. Al ser consciente de ello, las cadenas competidoras que compran la señal procuran tener sus propias cámaras, cuando tienen permiso o contrato para ello, que de manera autónoma capturan imágenes independientes para que en el tratamiento posterior de la información puedan elaborar reportajes con acciones que la retransmisión oficial no ha recogido. Incluso en retransmisiones de excepción por su importancia como una final o un campeonato del mundo, hay acuerdos para que en la misma retransmisión en directo la cadena compradora pueda pinchar en un determinado instante una de sus cámaras autónomas, como entrevistas a los suyos o repeticiones desde un ángulo diferente. No fiarse del emisor es lo que hace que otros emisores procuren cubrirse las espaldas para obtener material inédito por si el principal emisor ha influenciado en la realización o simplemente ha tenido un mal día.
2.- Tradición democrática.
Si por casualidad la emisión se produce desde un país totalitario o con poca cultura democrática, se puede poner la mano en el fuego que cualquier tratamiento de la información no tendrá ninguna intención objetiva y no sólo para favorecer al equipo local, sino también para ensalzar valores patrios que mezclen con mayor interés el deporte con la política.
3.- El equipo de realización.
Los profesionales televisivos también tienes sus colores y puede que se dejen llevar por su simpatía hacia uno de los equipos, habitualmente el local, y aunque se entiende que tienen una alta responsabilidad hacia la información que transmiten, la realidad demuestra cada día que uno de los tratamientos más subjetivos se da cuanto más cercano está el comunicador del entorno natural.
4.- La audiencia
El emisor tiene su público natural al que se dirige y gracias a su fidelidad puede obtener publicidad por sus índices de audiencia. Y ese público es fiel porque ve y escucha lo que quiere ver y escuchar. Por ello tiene sus preferencias por unas emisoras y no ve otras. Si la emisora en cuestión no tuviera presente las características de su audiencia estaría tirando piedras a su propio tejado. Es hasta cierto punto natural que se admite un cierto grado de manipulación siempre que vaya a favor, aunque ello contradice los principios éticos de la base del periodismo, aunque no los de las propias estrategias comerciales.
Ser consciente de esos cuatro principios primarios protege mejor la capacidad observadora del espectador antes de sentarse en su butaca y asistir a la propia realización televisiva que también suma sus propios factores de tratamiento.
5.- No siempre mayor cantidad de cámaras indica mayor objetividad, más bien al contrario. Una sola cámara en continuidad cubriría mucho mejor el principio de objetividad y si el ángulo de cobertura fuera general, todavía más, si bien el espectáculo televisivo sería pobre y no utilizaría todas las propiedades del lenguaje del medio. Utilizar una gran cantidad de cámaras permite al realizador enriquecer la retransmisión para recoger mayor número de detalles y seguir la acción desde diferentes ángulos, pero también le da a su responsable la posibilidad de seleccionar la información a su criterio y éste puede ser influido por sus afectos, cuando no por la filosofía de la emisora.
6.- La distribución y cobertura de las cámaras ya puede facilitar una selección especial. Como más cámaras dirigidas al público local, a sus dirigentes, a su banquillo y a las acciones de su entrenador. En su proporción desigual da al realizador más probabilidades de pinchar a favor del local.
7.- Ocultar repeticiones de jugadas conflictivas del equipo local y mostrar con todo detalle las del equipo oponente. A pesar de la generosa cobertura televisiva, curiosamente no siempre se da la mejor imagen cuando va contra los propios intereses. Las jugadas de fuera de juego son las más representativas. Para demostrar la infracción la cámara está en línea con el infractor; para sembrar la duda el ángulo está desplazado y no puede asegurarse que se infrinja la regla. O simplemente no repetirla o hacerlo insistentemente según interés. La facilidad tecnológica de la cámara lenta permite mayor demostración de los lances del juego que adquieren dramatismo ante la falta del jugador contrario.
8.- Las pausas en el juego permiten el acercamiento al detalle, a lances paralelos o alternativos del juego. Mostrar el enfado del entrenador, del público o de los jugadores hacia decisiones del arbitraje, y recuperar imágenes que no se han visto sobre la actitud negativa de los jugadores adversarios, como faltas, llegando a transmitir la sensación que el equipo contrario ha cometido muchas más infracciones de las que ha sido penalizado.
9.- Utilizar elementos característicos del lenguaje de la imagen. Ángulos en picado para minimizar al adversario y en contrapicado para ensalzar al propio. Uso de los primeros planos para favorecer la personalidad del local y mostrar con planos más abiertos, alejar, al adversario.
10.- Y finalmente, y no menos importante, el equipo de comentaristas, uno de los factores de manipulación más evidentes y que demuestran hasta qué punto es un valor determinante. Por ello muchos espectadores silencian los comentarios y eligen el canal dual, cuando es posible, con comentaristas más favorables o supuestamente objetivos frente a la narración. También la opción de escuchar la locución radiofónica favorita  mientras se ve la televisión es una opción muy habitual.
Los comentaristas analizan las jugadas con desigual acierto y para dar muestras de supuesta objetividad invitan a profesionales en activo o ex futbolistas para que les ayuden en las apreciaciones, si bien es en estos casos cuando más se demuestra el grado de fervor hacia uno de los equipos por la parcialidad de los comentarios, que minimizan la falta propia y acentúan la ajena.

No obstante la objetividad es un valor relativo y damos por sabido que nuestros sentimientos no son ajenos al tratamiento y observación de la información, aunque si el profesional y el espectador tiene conocimiento de los factores que le hacen manipulador y manipulable, estaremos más cerca del justo valor del análisis que no debe ser otro que juzgar con la misma regla a ambos adversarios lo cual permite indagar en razones sin que ello impida que nuestras alegrías tengan color y por todo ello seremos respetados. Si no se es capaz de ello, al menos que no forme parte de surrealistas tertulias o deje por escrito opiniones de dudoso valor; su silencio sería de agradecer.