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3.10.12

Arrebato: Monsieur Verdoux


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.



MONSIEUR VERDOUX

USA, 1947. Director y guión: Charles Chaplin (idea original, Orson Welles). Int: Charles Chaplin (Verdoux), Martha Raye, Marilyn Nash.

Basada en hechos reales cuenta la historia de Henri Verdoux, un hombre de doble vida. Por un lado es un respetable hombre casado padre de un hijo, pero por otro es un seductor que, bajo otra identidad, se dedica a casarse con viudas ricas a las que posteriormente asesina para quedarse con su fortuna para mantener a su familia. Cuando finalmente es detenido, se enfrenta en el juicio a una sentencia de muerte.

El juez le pide si tiene algo que declarar.

VERDOUX: Oui, monsieur; sí tengo, aunque el fiscal no haya tenido la menor intención de adularme. Al menos admite que soy inteligente. Gracias, monsieur, gracias. Durante 35 años utilicé mi inteligencia con honradez, después nadie supo apreciarla, de modo que me vi obligado a montar mi propio negocio. En cuanto a ser un asesino, ¿no lo fomenta la misma sociedad? ¿No es la misma sociedad la que construye las armas con el único propósito de matar? ¿No se han usado estas armas para matar mujeres? ¿Incluso a niños inocentes de una forma en verdad científica? Como asesino de masas no soy más que un simple aficionado. Sin embargo, no quisiera ahora perder los nervios, cuando voy a perder la cabeza. A pesar de todo, al abandonar esta pobre y miserable existencia, esto es lo que os digo: les veré a todos ustedes muy pronto, muy pronto.

Antes de su ejecución en la guillotina, declara a un periodista:

VERDOUX: Yo diría que los más grandes negocios: las guerras, los conflictos, todos son negocios. Por un asesinato se es un villano, por miles se es un héroe. Los números santifican.

23.7.12

Arrebato: Un hombre para la eternidad

Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.





Un Hombre para la eternidad ( A Man for All Seasons) GB, 1966
D: Fred Zinnemann. Escrita por Robert Bolt, con Paul Scofield (Moro) y Robert Shaw (Enrique VIII)

Para divorciarse de su esposa Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos V) y contraer matrimonio con Ana Bolena, Enrique VIII (1509-1547) trata de obtener el apoyo de la aristocracia y del clero. Sir Thomas Moro, uno de los más notables humanistas europeos  ferviente católico y hombre de confianza del monarca, se encuentra en una encrucijada: ¿debe actuar de acuerdo con su conciencia, arriesgándose a ser tachado de traidor y ejecutado, o debe ceder ante un rey que no tiene ningún reparo en adaptar la ley a sus necesidades? La decisión del rey de no obedecer a Roma y reformar la iglesia anglicana con el rey como máximo mandatario para establecer las leyes eclesiásticas a su interés y anular su matrimonio con Catalina y casarse con Ana Bolena, fue uno de los mayores hitos de la historia de Inglaterra.



En la sala de juicio ante un nutrido grupo ciudadanos, los tres miembros del tribunal y doce asustados jurados masculinos, se dicta la culpabilidad de Sir Thomas Moro, sentado en una silla. El presidente del tribunal se levanta:
Presidente: Sir Thomas Moro habéis sido considerado culpable de alta traición. La sentencia del tribunal es…
Thomas: Señores, cuando yo ejercía el derecho, antes de pronunciar sentencia se preguntaba al acusado si tenía algo que alegar.
Presidente: ¿Tenéis algo que alegar?
Thomas: Sí (se levanta). Ya que el tribunal ha determinado condenarme, Dios sabe como estoy dispuesto a descubrir mi pensamiento sobre la nueva ley y el título de su majestad. Dicho título está basado en una acta del parlamento que repugna en esencia e integridad a la ley de Dios y a la santa iglesia, cuyo supremo gobierno ninguna persona temporal por muchas leyes que dicte, puede asumir. Ese gobierno fue dado por boca de nuestro salvador Jesucristo a San Pedro y a los obispos de Roma mientras vivía. Y estaba personalmente presente aquí en la tierra. Es por tanto, insuficiente una ley que obligue a los cristianos a desobedecerle. Y más aún, la inmunidad de la iglesia está prometida tanto en la carta magna como en el juramento de coronación del rey. Yo soy fiel súbdito del rey. Y pido por él y por el reino. No hago daño a nadie. Ni hablo mal. Ni pienso mal. Y si esto no es suficiente para dejar a un hombre con vida, entonces no deseo vivir. Sí, no es por esa supremacía por lo que me quitáis la vida, sino porqué no me inclino ante ese matrimonio.

Sus  últimas palabras antes de que se le cortara la cabeza, fueron:
Thomas: El rey me ha ordenado que sea breve y puesto que soy fiel súbdito, breve  he de ser. Muero como humilde servidor de su majestad, pero primero de Dios.

Tras la ejecución de Thomás Moro, el siguiente en ser ejecutado también por alta traición fue su principal acusador, el primer ministro Cromwell. Pero antes fue ejecutada la reina Ana Bolena para que el rey se casara con Jane Seymour.

21.5.12

Arrebato: Cromwell


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.


CROMWELL
Inglaterra 1970. Guión y Dirección: Ken Hughes.
Richard Harris (Oliver Cromwell), Alec Guinness (rey Carlos I)

El terrateniente, político y militar Oliver Cromwell se enfrenta a la opresión y corrupción de la monarquía del rey Carlos I en la Inglaterra del siglo XVII. Tras una guerra civil consigue destronar al rey y ordena su ejecución. Abolida la Monarquía, Cromwell es nombrado Lord Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Instaura la República y ordena al primer parlamento que se prepare para que el pueblo pueda elegir libremente a sus dirigentes. Años más tarde, la nación sigue sin un parlamento elegido libremente.


Un ciudadano arenga a un grupo de ciudadanos frente al edificio del Parlamento.
Ciudadano: Cada individuo inglés nacido libre cualquiera que sea su condición tiene derecho a una voz en el gobierno de este país. Sin embargo no tienen derecho al voto los pobres, ni los desfavorecidos, ni aquellos que alzaron sus armas para derrocar la autocracia que este Parlamento impone ahora. Este Parlamento no ha sido elegido. No habéis votado a ese Parlamento que ahí se cobija. A esa pandilla de bufones.
En el interior del Parlamento los parlamentarios tienen un debate sobre la situación de corrupción. Cromwell sigue la sesión en un segundo plano.
Parlamentario (1): Se ha hablado mucho en esta Cámara de la llamada injusticia de ciertos miembros implicados financieramente en proyectos del país. Algunos han adscrito a esta situación motivos oscuros y siniestros. Si nosotros en el Parlamento no nos beneficiamos de gobernar, no tiene mayor sentido seguir ocupando este puesto.
Parlamentario (2): Ningún miembro de esta Cámara debería beneficiarse del gobierno.
Parlamentario (3): Si esta Cámara fuera responsable, se disolvería y permitiría elegir nuevo Parlamento.
Murmullos.
Parlamentario (4): Propongo que a esta Cámara se le conceda poder para gobernar durante tres años sin reelección.
Parlamentario (5): Debería formarse una comisión investigadora para estudiar la implicación financiera de algunos miembros.
Murmullos. El Presidente del Parlamento reclama orden. Cromwell toma la palabra.
Cromwell: Sr. Presidente, ¿me concede permiso para dirigirme a esta asamblea? Milores, honorables miembros, he deseado toda mi vida un Parlamento libre con la autoridad concedida por el pueblo de esta nación. Un Parlamento abierto y visible, al alcance de todos los hombres. Hace seis años os transfería esta gran responsabilidad con la esperanza de que dictaran leyes saludables e integras que las gentes de esta nación esperarían de vos. Confieso que mis esperanzas se han aplacado ante lo ocurrido en mi ausencia. En lugar de unir a las gentes de esta tierra con rectitud y paz que hubiera sido el deber glorioso y cristiano. ¿Qué me encuentro? Anarquía, corrupción, división e insatisfacción. Digo que los enemigos de esta nación han prosperado bajo vuestra protección. Desde el principio erais un gobierno provisional sin ser verdaderamente representativo del pueblo. ¿Acaso os ha elegido el pueblo? ¿Se ha dirigido esta Cámara a la gente que pretende representar? ¡No, no lo ha hecho! Tras seis años de desgobierno, ¿qué encontramos? Se propone una ley para que esta Cámara prolongue su vida indigna y deshonrosa. Caballeros, un parlamento inamovible es más detestable que un rey inamovible. Sois borrachos, embaucadores, villanos, proxenetas, embaucadores ambiciosos, impíos y egoístas. Sois capaces de dirigir esta nación como podríais dirigir un burdel. Sois escoria la escoria no se elige para esto. Esto no es un Parlamento. Haré que se disuelva. Declaro disuelto el Parlamento desde este instante. (Entran las tropas para desalojar el Parlamento) Todos fuera.
Parlamentario (6): Esto es una dictadura. ¡Dictador!
Cromwell, fuera de sí, lanza al suelo el cetro de gobierno, símbolo del poder. Un  parlamentario se le acerca.
Parlamentario (7): Recuerdo que decapitamos al Rey por algo parecido.
Cromwell: Sois un traidor, señor. Los que son como vos me han llevado a esto. He pedido al Señor consejo día y noche en este asunto. Esta nación va a ser gobernada desde ahora con justicia (se queda solo). Devolveré a esta nación el respeto que se merece. Caminaremos por este mundo con las cabezas bien altas y llenos de orgullo. Liberaré las almas de los hombres de la oscuridad de la ignorancia. Construiré colegios y universidades para todos. Haré de estos tiempos la edad dorada del saber. Pondré la ley al alcance del individuo más humilde. Habrá trabajo y pan para todos. Esta nación prosperará porque es una nación religiosa y porque caminamos de la mano del Señor. Juro por el nombre de Dios vivo que no pararé hasta conseguir que esta nación llegue a estar bien gobernada aunque tenga que hacerlo yo mismo. Dios Todopoderoso, dame fuerzas para conseguirlo…yo solo.

Narrador: “Oliver Cromwell gobernó la nación durante cinco años. En tan poco tiempo hizo de Inglaterra una gran potencia temida y respetada en todo el mundo. Bajo su mando se pusieron los cimientos de una nación auténticamente democrática. Murió en 1658. Tres años después, Carlos, príncipe de Gales, fue coronado rey. Un monarca se sentaba de nuevo en el trono de Inglaterra. Una Inglaterra que ya nunca sería como la de antes”.


Durante 11 años Inglaterra no fue una Monarquía, fue una República. Para la historia Oliver Cromwell ha pasado a ser una figura controvertida. Para unos fue un dictador. Para otros un héroe en la lucha por la libertad. Cuando la Monarquía volvió al poder, su cadáver fue desenterrado, decapitado y su cabeza fue expuesta durante años para escarnio público frente a la entrada de la abadía de Westminster.

17.5.12

Arrebato: Furia


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.



FURIA (Fury)
Dirigida por Fritz Lang. EEUU. 1936. Con Spencer Tracy (Joe Wilson) y Sylvia Sidney (Katherine Grant). Guión de Bartlett Cormack y Fritz Lang sobre una historia de Norman Krasna.

Joe Wilson. Un hombre encarcelado por equivocación, que debería haber muerto en un incendio provocado por una sanguinaria masa, consiguió sobrevivir. Para todos es un hombre muerto. Joe intentará que los que le iban a linchar corran con la misma suerte de la que él milagrosamente escapó. En la sombra,  utilizando a sus hermanos y ocultando la verdad a su desconsolada prometida,  consigue que se celebre el juicio contra los 22 ciudadanos identificados en el linchamiento por los noticiarios. Cuando el veredicto está cerca, su novia descubre la verdad y le pide que aplaque su furia y atienda a su conciencia de hombre justo.

Juez: Señoras y señores del jurado, ¿se han puesto de acuerdo sobre el veredicto?
Miembro del jurado: Sí, señoría.
Juez: Entreguen el veredicto al alguacil.
Secretario (lee el veredicto): Nosotros el jurado, en el caso del pueblo contra los demandados por el asesinato de Joseph Wilson se resuelve del siguiente modo. Jasper Anderson, inocente. Gilbert Clark, inocente. Richard Durkin, culpable. Walter Dubbs, culpable. Kirby Dawson, culpable. Frederick Garret, culpable. Walter Gordon, culpable.
Walter Gordon (se levanta y protesta): ¡No, no! No lo soy. ¡Yo no! Soy inocente.
Se levantan los demás acusados para protestar. Uno de ellos aprovecha el tumulto para huir por el pasillo pero se detiene ante la fantasmagórica aparición de Joe Wilson, vivo cuando todos le daban por muerto, que se acerca hasta la tribuna del juez.
Alguacil: ¡Orden en la sala!
Joe Wilson: Señoría, soy Joseph Wilson.
Juez: Siga.
Joe Wilson: Sé que al venir aquí he salvado la vida de estas 22 personas. Pero no es la razón por la cual he venido. No me importa salvarlos. Son unos asesinos. Sé que la ley dice que no lo son porque yo aún estoy vivo. Pero esto no es su culpa. Y la ley no sabe que muchas cosas que eran muy importantes para mí, cosas tontas, tal vez, como creer en la justicia, y que los hombre son civilizados y un sentimiento de orgullo de que mi país era distinto a los demás. La ley no sabe que esas cosas se quemaron en mí esa noche. Hoy he venido aquí por mí mismo. No podía soportarlo más. No podía dejar de pensar en ellos, día y noche. Y no me creí a Katherine cuando dijo... Katherine es la mujer que iba a casarse conmigo. Tal vez algún día cuando haya pagado por lo que he hecho, tendré la oportunidad de empezar de nuevo. Y entonces tal vez...

26.3.12

Arrebato: Caballero sin espada


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.



CABALLERO SIN ESPADA (Mr. Smith goes to Washington)
Dirigida por Frank Capra. EEUU. 1939. Con James Stewart (Jefferson Smith) y Jean Arthur (Clarissa Saunders), Claude Rains (James Taylor). Guión de Sidney Buchman. 

Jefferson Smith (James Stewart), un joven ingenuo e idealista, que parece fácilmente manipulable, es nombrado senador. En Washington tendrá que tratar con políticos como James Taylor (Claude Rains) y empresarios sin escrúpulos que le harán perder la fe. Sin embargo, gracias a una joven (Jean Arthur)  que conoce muy bien los entresijos de la política, protagoniza en el Senado una espectacular y maratoniana intervención en la que, además de defender apasionadamente la democracia, pone en evidencia una importante trama de corrupción que proyecta una presa en lugar de obra social para los jóvenes.

Jefferson Smith en su intervención en el senado espera probar su denuncia mientras espera la llegada de las pruebas. Mientras tanto y para dilatar la aprobación del proyecto que denuncia, se acoge a un artículo de reglamento, obstruccionismo, y hace uso de la palabra en una interminable sesión sin ceder la palabra a nadie  mientras se tenga en pie y no deje de hablar. Y empieza por leer la declaración de la independencia para ganar tiempo. El público presente le apoya mientras los senadores se turnan para que exista quórum en la cámara y alargar la sesión hasta la extenuación del joven idealista.

Jefferson Smith: “Siempre me gustó esa parte de la declaración de la independencia. No se puede tener un país que puede hacer que esas normas funcionen, si no hay hombres que no sepan diferenciar los derechos humanos de un puñetazo en la nariz. Hay algo gracioso respecto a los hombres. Todos empiezan la vida siendo niños. No me sorprendería que estos senadores no hubieran sido nunca niños. Por eso me pareció buena idea sacar a los niños de las ciudades de los hacinados sótanos durante unos meses y formar sus cuerpos y mentes para trabajos de auténticos hombres, porque esos niños estarán en estas mesas uno de estos días. Me parecía buena idea reunir a chicos de todo el país, chicos de todas las nacionalidades y clases sociales y dejarles que descubran qué es lo que hace que gente diferente se porte como ellos, porque yo no daría ni un centavo por todas sus reglas, si detrás de ellas no hubiese un poco de amabilidad cotidiana y un poco de amor por el compañero también. Todo eso es bastante importante. Son la sangre, los huesos, los nervios de esta democracia que algunos grandes hombres ofrecieron a la raza humana, pero si se construye una presa donde tenía que ir un campamento juvenil para conseguir dinero para pagar un ejército político, eso es diferente. Si creen que voy a volver a decirles a esos chicos: ´Olvidad esas tonterías que he dicho sobre la tierra donde vivís. Son idioteces. Este no es vuestro país. Pertenece a un montón de James Taylor´. No, yo no. El que crea que voy a hacer eso ya puede pensar en otra cosa.... Sé que estoy siendo irrespetuoso con esta honorable institución. Sé que un tipo como yo jamás se le debería permitir entrar aquí. Lo sé. Odio estar aquí poniendo a prueba su paciencia, pero o tengo toda la razón o es que estoy loco. Y me siento bien. (abre el libro de la Constitución). La constitución de los Estados Unidos (exclamaciones de los senadores). Página uno, párrafo primero. Nosotros el pueblo de los Estados Unidos...
(después de 23 horas)
No señor, no hay compromiso con la verdad. Eso es todo lo que tenía que decir aquí. Levantarnos del suelo es todo lo que pido. Subir hasta esa dama que está en lo alto del Capitolio y que representa la libertad. Para ver a este país a través de sus ojos, si es que quieren ver algo. Y no verán solo el paisaje, verán todo lo que el hombre ha conseguido con su esfuerzo tras siglos de lucha, peleando por algo mejor que una selva de leyes. Luchando así puede mantenerse sobre sus pies libre y decente, tal como fue creado, sin importar su raza, color o credo. Eso es lo que verán. Ahí fuera no hay lugar para el soborno, la codicia, las mentiras o el compromiso con las libertades. Y si es eso lo que los mayores le han hecho a este mundo, empecemos pronto esos campamentos juveniles y veamos qué es lo que los chicos pueden hacer. Aún no es tarde porque este país es más grande que los Taylor o que usted o yo o cualquier otra cosa. Los principios no desaparecen una vez que han salido a la luz. Están aquí, solo hay que verlos.
(El senador corrupto Taylor entra con cincuenta mil telegramas que piden que Smith abandone el senado. Smith lee con desesperación algunos de ellos antes de continuar hablando sin fuerzas).
Supongo que esta es una de esas causas perdidas. Ustedes no saben nada sobre causas perdidas. Pero el señor Taylor sí. Una vez dijo (frente al senador Taylor) que eran las únicas por las que valía la pena luchar, y luchó por ellas en una ocasión, por la única razón por la que todo hombre debe hacerlo. Y por una pura y sencilla norma: ama a tu prójimo. En este mundo lleno de odio, el que cumple ese precepto es digno de confianza. Usted conoce ese precepto. Yo le admiraba por eso, igual que mi padre. Usted sabe que ha luchado por las causas perdidas con más fuerza que por muchas otras. Incluso moriría por ellas, como lo hizo un hombre que ambos conocimos. Cree usted que estoy vencido, todos piensan que estoy vencido. Pues bien, no lo estoy. Y voy a quedarme aquí para seguir luchando por esa causa perdida, aunque en esta Cámara abunden las mentiras como esta y los Taylor y todos sus ejércitos entren en este lugar. Porque alguien me escuchará. Alguien.”

Smith se desmaya y el senador Taylor cede y (ese alguien antiguo amigo de Smith) acaba por reconocer que el joven idealista tiene razón sobre el soborno y la corrupción.

Vítores y gritos de alegría entre el público mientras los periodistas corren para telefonear la crónica a sus periódicos.

21.3.12

Arrebato: El gran dictador


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.



EL GRAN DICTADOR (The Great Dictator)
Dirigida por Charles Chaplin. EEUU. 1940. Con Charles Chaplin (Hynkel-Dictador de Tomania/ Barbero) y Paulette Goddard. Guión de Charles Chaplin.


El barbero judío de gran parecido con el dictador Hynkel es confundido por éste y deberá hablar a las masas en un discurso triunfal frente a un ejército y un pueblo sometido. Pero el barbero no puede traicionar sus ideas, aunque le puede costar la vida:

Barbero (como el dictador Hynkel): “Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, no quiero gobernar ni conquistar a nadie; sino ayudar a todos, si fuera posible: judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así, queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados, no queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros, el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad; más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta. Se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige una hermandad universal. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños; víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.  A los que puedan oírme les digo que no desesperen. Esta desdicha es pasajera. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, que pensar y que sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. ¡Vosotros no sois máquinas! ¡No sois ganado!¡Sois hombres! Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones, no el odio. Solo los que no aman, odian; los que no aman y los inhumanos. Soldados, no luchéis por la esclavitud, luchad por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: El Reino de Dios está dentro del hombre.  No de un hombre, ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres.  Vosotros, el pueblo, tenéis el poder; el poder de crear máquinas; el poder de crear felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder de crear felicidad y hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas las fieras alcanzaron el poder, pero mintieron, no han cumplido sus promesas, ni lo harán. Los dictadores son libres solo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo, para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el  mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos.

(Vítores y gritos)

Producida al principio (1940)  de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
En España no se estrenó hasta después de la muerte del dictador Franco (1975)

16.3.12

Arrebato: El manantial


Muchas son las obras del cine, el teatro y la literatura que sin tapujos ni enmascaramientos han denunciado pasajes de la historia y del pensamiento que han intentado someter a personas e ideas por el simple factor de contradecir lo establecido y pretender abrir la mente a un futuro mejor cuyo máximo exponente tiene en la libertad su valor más preciado.
En su narrativa han elaborado escenas en las que los dos mundos se enfrentan y el protagonista construirá un arrebato para argumentar con la fuerza de la razón los motivos que le llevan a defender una causa justa y libre. Es el mensaje que, aunque pueda parecer demasiado transparente y moralizador, nunca nos deja indiferentes, a pesar de las diferentes interpretaciones sometidas a la época de realización o bajo un punto de vista más moderno. En cualquier caso todo parece indicar con la perspectiva del tiempo que la experiencia ni se aprende ni se hereda y si algún valor prevalece es la integridad, aunque muy pocos entiendan lo que representa.


EL MANANTIAL (The fountainhead)
Dirigida por King Vidor. EEUU. 1949. Con Gary Cooper (Howard Roark) y Patricia Neal (Dominique Francon). Guión de Ayn Rand de su novela del mismo título.

Howard Roark  lucha por su integridad individual frente a una sociedad que desea destruirle por sus ideas innovadoras, creativas y desafiantes sobre la nueva arquitectura que sigue anclada en los convencionalismos y en el conformismo. Aquel que ose enfrentarse al sistema político y social sucumbirá al poder de los mediocres. Howard estará dispuesto a sacrificar el amor por ser fiel a su ideal. Acusado de destruir un complejo arquitectónico por no haber respetado su diseño original, se enfrentará a un tribunal que deberá juzgar sus intenciones bajo la presión de  una sociedad alborotada por el poder conservador.
Es el momento del arrebato de Howard Roark frente al tribunal y ante un público hostil. La mirada fiel de su amada, Dominique Francon, será su mejor apoyo. Su única esperanza, su discurso.

Howard Roark: “Hace millones de años, un hombre primitivo descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la hoguera que enseñó a encender. Pero les dejó un regalo que ellos no habían concebido y alejó la oscuridad de la tierra. A lo largo de los siglos, hubo hombres que abrieron nuevos caminos armados únicamente con su propia visión. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, estuvieron solos contra los hombres de su época. Cada nueva idea fue rechazada, cada nuevo invento fue denunciado, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron, pero vencieron. A ningún creador le impulsó un deseo de satisfacer a sus hermanos. Sus hermanos odiaban el regalo que él ofrecía. Su verdad era su único motivo. Su trabajo era su único objetivo. Su trabajo, no aquellos que lo usaran. Su creación, no los beneficios que otros sacaran de ella, la creación que daba forma a su verdad. Él sostenía su verdad contra todo y contra todos. Seguía adelante aunque otros no estuvieran de acuerdo con él. Con su integridad como única bandera. No le servía a nada ni a nadie. Vivía para sí mismo, y sólo al vivir para sí mismo fue capaz de lograr las cosas que son la gloria de la humanidad. Esa es la naturaleza del logro. El hombre no puede sobrevivir, excepto a través de su mente. Llega a la tierra desarmado. Su cerebro es su única arma, pero la mente es inherente al individuo. El cerebro colectivo no existe. El hombre que piensa, debe pensar y actuar por sí mismo. La mente racional no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción, no puede subordinarse a necesidades, opiniones o deseos de los demás, no es un objeto de sacrificio. El creador se mantiene firme a sus opiniones, el parásito sigue las opiniones de los demás. El creador piensa, el parásito copia. El creador produce, el parásito saquea. La preocupación del creador es conquistar la naturaleza, la preocupación del parásito es conquistar a los hombres. El creador necesita independencia, ni sirve ni gobierna, se relaciona por libre intercambio y decisión voluntaria. El parásito busca poder, quiere atar a todos los hombres en acción común y esclavitud común. Ve al hombre como una herramienta para el uso de los demás, que debe pensar como ellos, actuar como ellos y vivir abnegado y triste, sirviendo toda necesidad, excepto la suya. Miren la historia. Todo lo que tenemos, cada gran logro, ha salido del trabajo independiente de una mente independiente. Cada horror y destrucción procede de los intentos de convertir a los hombres sin alma ni cerebro, sin derechos personales, sin ambición personal, sin voluntad, esperanzas o dignidad. Es un viejo conflicto. Tiene otro nombre, lo individual contra lo colectivo. Nuestro país, el más noble de la historia de la humanidad, se basó en el principio del individualismo, el principio de los derechos inalienables del hombre. Un país donde un hombre era libre de buscar su propia felicidad. Ganar y producir, no rendirse y renunciar. Prosperar, no morirse de hambre. Lograr, no saquear. Tener como mayor posesión su sentido de valor personal y como mayor virtud, su respeto hacia sí mismo. Miren los resultados. Eso es lo que los colectivistas les están pidiendo que destruyan, como ya se ha destruido parte de la tierra.
Yo soy arquitecto, sé lo que vendrá por las bases de lo que se construye. Estamos llegando a un mundo en el que no puedo permitirme vivir. Mis ideas son de mi propiedad. Me las quitaron por la fuerza, violando un contrato. No se me permitió apelar. Creían que mi trabajo pertenecía a otros para hacer lo que quisieran, que tenían un derecho sobre mí sin mi consentimiento, que mi deber era servirles sin alternativa o recompensa. Ya saben por qué dinamité el edificio. Yo lo diseñé. Yo lo hice posible. Yo lo destruí. Acepté diseñarlo con el fin de verlo construido como yo quería. Ése fue el precio que le puse a mi trabajo. No me pagaron. Mi edificio fue desfigurado por los que se beneficiaron de mi trabajo sin darme nada a cambio. He venido aquí a decir que no reconozco el derecho de nadie a un minuto de mi vida, ni a ninguna parte de mi energía, ni a ningún logro mío. No importa quién lo reclame. Tenía que ser dicho. El mundo está pereciendo en una orgía de sacrificio. He venido para ser escuchado en nombre de todos los hombres independientes que hay en el mundo. Yo quería plantear mis ideas. No quiero trabajar ni vivir bajo otras ideas. Defiendo por convicción el sagrado derecho del hombre de vivir con libertad de elección”.


¿Veredicto?